Sexo, poder y sociedad: la receta de depredadores como Harvey Weinstein

Un depredador sexual como el productor cinematográfico Harvey Weinstein no solo es el producto de sus decisiones, sino de toda una estructura social
Sexo, poder y sociedad: la receta de depredadores como Harvey Weinstein
Sexo, poder y sociedad: la receta de depredadores como Harvey Weinstein

Un depredador sexual como el productor cinematográfico Harvey Weinstein no solo es el producto de sus decisiones, sino de toda una estructura social

Stockbyte/Getty Images

Cuando escuché hablar por primera vez de las historias sobre el comportamiento depredador del productor de cine estadounidense Harvey Weinstein, mi mente empezó a idear castigos que encajarían con la Europa del Renacimiento ola película La naranja mecánica: cubrir su cara con una máscara de la vergüenza, muy utilizada hace siglos en Alemania; yaplicar descargas eléctricas a sus lóbulos frontales para que empiece a empatizar con las mujeres de las queha abusado. Cuando nos enteramos de una injusticia, resulta totalmentehumano centrarse en cómo eliminar o castigar a la persona responsable.

Pero mi investigación sobre la psicología social del poder sugiere que -sin exculpar a los individuos corruptos- también necesitamos prestar atención a los sistemas sociales en los que estos cometen sus abusos.

Durante 25 años, otros científicos sociales y yo hemos documentado cómo la sensación de poder puede cambiar la forma en la que se comportan los ciudadanos corrientes;lo que podría llamarse, la banalidad delabusode poder. En los experimentos en los que un grupo de personas es asignado de forma aleatoria a una condición y posiciónde poder, las personas del grupo “poderoso” son propensas a dos deficiencias: desarrollan déficits de empatíay tienen menos capacidad para comprender e interpretar las emociones de los demás, de ponerse en su lugar. Tambiénse comportan de manera impulsiva y violan la ética del trabajo o las normas sociales en las que se inscriben. Por ejemplo, en un experimento, los participantes del grupo de poder robaron chucherías a niñossin pestañear.

Nuestra investigación también muestra que estas dos tendencias se traducenen un comportamiento sexual inapropiado en los ambientes dominados por hombres, lo que sostienelos relatos de las mujeres asaltadas por Weinstein. Los estudios realizados indican que los hombres en situación de podersobreestiman el interés sexual de los demás por ellos;creen de forma equivocada que las mujeres a su alrededor se sienten más atraídas por ellos de lo que en realidad lo están. Los hombres “poderosos”también sexualizan su trabajo:buscan oportunidades para encuentros y affairessexualesa lo largo del tiempo;se acercan y tocan demasiado, sobrepasan las líneas del decoro (y decosas peores).

Los descubrimientos de losestudios de laboratorio remarcan que los abusos de poder son previsibles y recurrentes. Lo mismo sucede si hacemos una reflexión rápida sobre la historia. Durante el tiempo que he estudiado el poder, cada año ha habido un nuevo casode hombre poderoso que abusa sexualmente de otras personas en todos los contextos imaginables: organizaciones religiosas, el ejército, el Capitolio, Wall Street, fraternidades universitarias, deportes, medios de comunicación populares, la industria tecnológica, laboratorios y universidades.

También deberíamos aprender una lección de los estudios (ahora canónicos)de Stanley Milgram sobre la obediencia a la autoridad. Esos estudios, inspirados en la búsqueda de Milgram por comprender las condiciones que dieron lugar a la Alemania nazi, mostraron que los contextos autoritarios pueden incitar a los ciudadanos corrientesy bienintencionados a dar descargas eléctricas casi letales a desconocidos porla calle. De manera similar, los contextos en los que elpoder carece de control sobre élnos convierten a muchos en víctimas -y cómplices- del abuso de poder. Puede que no nos guste lo que está pasando, pero muchos de nosotros tampoco haríamos nada por cambiarlo.No nos excusa más a nosotros que a los poderosos por sus crímenes, pero debería evitarque nos mintamos a nosotros mismos con lareconfortante idea de que actuaríamos diferente que la gente de The Weinstein Company, quienes supuestamente sabían lo que Weinstein hacía y no lo detuvieron.

Entonces, el reto es cambiar los sistemas sociales en los que los abusos de podersurgen y no se controlan. En esto, la psicología social del poder ofrece algunas claves.

Primero, necesitamos escuchar el relatode aquellos que han sufrido abusos a manos delos poderosos, por difícil e inquietante que pueda sercompartirlas. Mi enhorabuenaa las personas valientes que están alzando la voz contrael acoso y abuso sexual de Weinstein y de otros. Estas historias provocan el cambio social. Por ejemplo, cuando los ciudadanos ingleses empezaron a escuchar las historias sobre el trato que se daba a los esclavos en los barcos de esclavos en el siglo XVIII, el cálculo moral de la trata de esclavos comenzó a cambiary llegaron las leyes contra la esclavitud. Contary conoceresas historias también es una forma de que quienes tienen menos poder construyan la reputación de quienes sí que lo tienen y limiten sus impulsos.

También estamos aprendiendo, y comprobando,muchos de los beneficios de que las mujeres ocupen más y másposiciones de poder, desde menos corrupción hasta mejores resultados económicos. Hollywood es uno de los sectores más controlados porhombres (solo el 4 % de los directores son mujeres) yunmayor número de mujeres realizadoras y productoras podría cambiarel equilibrio de poder en el cine. Los estudios muestran que este tipo de cambio sistémico reduciría también la probabilidad de abusos sexuales. Por ejemplo, es más probable que las minorías étnicas sean blanco de crímenes de odio a medida que aumenta la ventaja numérica de la que disfrutan los blancos. Un mayor equilibrio numérico entre las personas de diferentes grupos limita los abusos de poder: las personas de grupos menospoderosos tienen más aliados, es más probable que estén alerta frente al abuso de poder y tienen más posibilidades de verse capaces de decir la verdad a los de arriba.

Por último, debemos enfrentarnos a los mitos en los que se apoya elabusode poder. Los científicos sociales han documentado cómo las estructuras de poder coercitivas se sostienena través de mitos sociales, los cuales suelen justificar la posición y la acción sin límites de los que están en la cima. Los hemos escuchado antes: “Las mujeres no están biológicamente preparadas para liderar”, “Los afroamericanos no son dignos de votar”, “Puede que le gritea la gente y que se sobrepase, pero es un genio”; y un favorito de Hollywood: “Las mujeres se excitan con hombres con poder como Weinstein”. Sin embargo, los estudios científicos actuales observan algo muy diferente: cuando las mujeres (y los hombres) estánen posiciones de menorpoder, su ansiedad, autoconciencia y preocupaciones se disparan de forma drástica mientras quesu placer y deleite, incluido el sexual, se apagan.

Este momento tiene el potencial de convertirse en un punto de inflexión en la lucha contra el abuso sexual sistémico. Para que esto se cumpla, tenemos que reconocer la banalidad de Harvey Weinsteiny dirigir nuestra atención a cambiar el contexto social, lograr que la inclinación humana a abusar del poder sea cosa del pasado.


por
trad. Patricia R. Guevara

Dacher Keltner es profesor de psicología en la Universidad de California, en Berkeley (EEUU), y director del Greater Good Science Center. También es autor de The Power Paradox: How We Gain and Lose Influence.

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