No malgaste su vida decidiendo. Si quiere perseguir sus sueños, hágalo ya

Hacer lo que a uno le motiva tiene costes, pero pueden ser menores que pasarse la vida lamentándose por lo que no se está haciendo
No malgaste su vida decidiendo. Si quiere perseguir sus sueños, hágalo ya
No malgaste su vida decidiendo. Si quiere perseguir sus sueños, hágalo ya

Hacer lo que a uno le motiva tiene costes, pero pueden ser menores que pasarse la vida lamentándose por lo que no se está haciendo

“Huntington Hartford, que heredó una fortuna del negocio de supermercados A&Py perdió la mayor parte del dinero persiguiendo sus sueños como emprendedor, mecenas artísticoy hombre del ocio, falleció el pasado lunes en su casa en el Cayo Lyford en las islas Bahamas”, informabaThe New York Times en 2008. “Se calcula que heredó unos 80 millones de euros de los que perdió aproximadamente 71 millones de euros“, continuaba el obituario.

He hecho los cálculos. Con casi 10 millones de eurosen su cuenta corriente, el señor Hartford no había muerto en la miseria.

Su fallecimiento también acaparó la portada deThe Wall Street Journal. “FallecióHuntington Hartford, el heredero de los supermercados A&P que despilfarró una fortuna persiguiendo sus sueños, en las islas Bahamas”.

En nuestra cultura, “¿Cuánto vale usted?”es una pregunta financiera que refleja la utilidad de cada individuo, no su carácter. Tener éxitosignifica acabar con más de lo que se teníaal principio. Decimos: “No te lo puedes llevar contigo [cuando te mueras]” pero nos comportamos y juzgamos como si así fuera.

Desde luego, el señor Hartford tuvo suerte de haber tenido suficiente dinero para hacer lo que quiso. Pero, ¿de verdad despilfarrar una fortunay perder 80 millonespueden considerarse un fracaso? ¿Por qué niThe New York TimesniThe Wall Street Journal celebraron que hubieragastado su fortuna viviendo sus sueños? “Para la mayoría de los estadounidenses, los peores errores son financieros y en ese sentido yo he sido Horatio Alger a la inversa”, dijo Hartford.

Hace mucho tiempo, tuveun trabajo del que no disfrutaba. No era un mal trabajo; era seguro y agradable. Y yo tenía éxito, pero el trabajo simplemente no me resultaba tan gratificante como quería. Dedicaba mi tiempo libre a jugar con las simulaciones, las investigaciones y las redacciones que aún me fascinan. Y cuanto más exploraba, más me irritaba mi trabajo.

Un día, me quejé a alguien cercano a mí, quienme hizo unregalo en forma de pregunta: “Entonces, ¿por qué no te despides del trabajo y haces lo que quieres?” Sé que la opción de despedirse parece obvia. A mí se me había ocurrido varias veces. Sin embargo,esa fue la primera vez que escuché la parte de “entonces, ¿por qué no…?”.

¿Por qué no me había despedido ya? Porque me había metido en un espeso matorral de “tengoques”. Tengo quetener unos ingresos regulares. Tengo querecibir el respeto que te aportauna tarjeta de visita de una empresa vanguardista. Tengo que, no quiero. Suposiciones, creencias y hábitos, no equivocados pero tampoco obligatorios que yo tenga que obedecer estrictamente.

Cuando me fijé en los tengoques que me había autoimpuesto, pude cuestionar su influencia sobre mi decisión. Me despedí de mi trabajo al día siguiente. Quería vivir mis sueños.

Durante los 25 años que han transcurrido desde entonces, he pasado por épocas mejores y peores. Cada vez que me he preguntado si tomé la decisión correcta, la respuesta ha sido siempre inmediata y visceral: sí. Sé que renuncié a la seguridad por ganar satisfacción, y a veces echo de menos la seguridad. Otra gente podría preferir la seguridad a la satisfacción. Pero para mí, hasta ahora, el cambio me ha merecido la pena. Y cuando ya no sea así, haré otra cosa.

No quiero parecer simplista, como si me limitara a predicar el eslogan publicitario de Nike: “simplemente hazlo”. Decidir entre lo que realmente es una condición imprescindible yse debe perseguir, yun “quiero” tiene consecuencias y riesgos. Los 80 millones de euros liberaron y aseguraron aHuntington Hartfordmás de lo que disfrutamos la mayoría de nosotros. A pesar de todo,ese dinero no le obligó a vivir sus sueños. Tuvo que decidirse él a hacerlo.

La falta de dinero puede ser un obstáculo para vivir nuestros sueños. También el exceso de tiempo que implica mañana lo haré.

Puedo atestiguar que el mañana resulta especialmente tentador frente a decisiones complicadas. Yo estuve atascado durante meses y dos cosas consiguieron desatascarme. Una fue reenmarcar la decisión a la que me enfrentaba. Había intentado, sin éxito, responder a: “¿qué puedo hacer para provocar el resultado que quiero?”. Así que en lugar de eso, me pregunté:”¿Cuáles son los mejores y peores resultados que podría esperar?” Contesté esa pregunta de inmediato. Sabía que la respuesta era cierta aunque no me gustaba.

Al final, loque realmente me desatascó fueron los consejos de mi mejor amigo, un hombre al que conocía desde hacía casi 40 años. Dijo:”No malgastes tu vida decidiéndote”. Sabía de lo que hablaba. Fue nuestra última conversación, tres días antes de que falleciera de leucemia.

Usted se pasa la vida tomando decisiones. Mientras tanto, las cosas cambian. Sus valores cambian. Sus sueños cambian. Lo que le rompía el corazón o le maravillabaa los cuatro años no tiene sentido a los 40. Lo que le rompa el corazón o le maraville a los 40 no tiene sentidoa los 20. Y llegará un día en el que estarádispuesto a cambiar todo lo que le quede por llegarpor tener lo que tiene ahora mismo.


por
trad. Teresa Woods

Mark Chussil es el fundador y el CEO de Advanced Competitive Strategies, Inc. Ha coordinado juegos de guerra, enseñado pensamiento estratégico y preparado simuladores de estrategia para empresas del grupo Fortune 500 por todo el mundo.

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