La riqueza digital escapa al control del PIB

Por qué los pesimistas se equivocan sobre la nueva ley tributaria de EEUU
Por qué los pesimistas se equivocan sobre la nueva ley tributaria de EEUU

Este verano que termina,Alemania, Suiza y Japón contaban con tipos de interés negativos en su deuda. También Dinamarca y Suecia. Y las arcas públicas deEstados Unidos registraban unos mínimos históricos. También hemos vistoexplosiones populistas encarnadas en lavotación delBrexity las convenciones de los partidos republicano y demócrata de Estados Unidos.

Desde luego,uno podría pensar que nos estamos precipitandoal abismo. Nuestros sistemas de educación y formación profesional se han quedado desfasados. Muchos trabajadores se han encontrado, ya adentrados en sus carreras, con que sus capacidades físicas parafabricar y transportar cosas son menos relevantes y valiosas que antes. Nuevos trabajadores que emprenden sus carreras descubren quesu educación es incompleta en muchas áreas esenciales para nuestras vidas impulsadas por la tecnología.

Muchas personasmantienen que el culpable es la ralentización de la economía; otras dicen que son las políticas públicas y la falta de ellas. Algunas apuntan a lossentimientos de los trabajadores y al exiguocrecimiento del empleo. Sin olvidar quienes apuntan a la reducción de la demanda y delconsumo.

Mientras que todas estas cosas representan elementosimportantes,el factor principal, en nuestra opinión,es el efecto deflacionista de la tecnologíay que obvian nuestros sistemas de medición. Una medición incorrecta de nuestra prosperidad da paso a malas decisiones y fomenta el descontento populista. ¿Perpetuarán las convenciones nacionales republicana y demócrata la historia equivocada sobre la realidad de Estados Unidos? ¿Empleará el líder en potencia del país los datos equivocados –basados en una ciencia antigua y obsoleta– para contar una historia engañosa que impulse patrioterismo,Brexitsy otras reacciones clasistas, religiosas y nacionalistas?

Así funcionan las malas mediciones.Segúnla economía ha evolucionado de una era a otra (dela industria a los servicios, de la información a las redes), nuestros indicadoresbásicos no han mantenido el ritmo.El Producto Interior Bruto (PIB), nuestra principal medida de la riqueza, fue desarrolladodurante la sociedad industrial, suda para poderconsiderar los activos intangiblesde hoy:servicios, información y redes. A medida queel mercado -incluidos clientes, empleados e inversores- altera la mezcla de lo que se produce y consume, este indicador económico por excelencia, junto con las normas de información financiera(NIF), cuentauna historia preocupante. Según estas mediciones globales, todos nos dirigimos hacia el territorio negativo. Pero,probablemente sea porque la tecnología reduce los bienes que compramos, sus aportaciones necesarias, el tiempo necesario para producirlos ylos lugares y espaciospara distribuirlos.

Sin embargo, cuando lo examinas en profundidad, ves queestá emergiendo un superávitde clientes. Todos llevamos en el bolsillo un móvil con acceso en tiempo real a la banca, las compras al por menor, la música y las comunicaciones globales. El acceso a la educaciónestá creciendo con algunas universidades de la prestigiosaIvy Leagueestadounidensesubiendo asignaturas a internet y ofreciéndolas gratis. Y muchos empleos nuevos llegan para sustituir a los antiguos. Además,apareceninvestigacionesque demuestran que la manera en que trabajamos hoyresulta más satisfactoria, flexible y segura que en el pasado. Así quetal vez el problema sea que el mundo se encuentra estancado en viejas maneras de mediry valorar elcrecimiento a partir de laproducción yventa decosas(es decir, capital físico) en lugar de los creadores actuales de capital humano, intelectual y conectado.

Ha llegado la hora demedir todo el valor que generan los seres humanos por todo el mundo. Existen redes de un valor extraordinario, activos digitales de infinitousos y lasnuevas oportunidades de empleo por proyectos quese están abriendo a todo el mundo–incluidoslos datos y el conocimiento que todo esto aporta a nuestras vidas–.Nuestras investigacionessobre modelos de negocio indican claramente un mundo en el quelas redes y los activos digitales son más valiosos que las cosasy el acceso es más cómodo que la propiedad. En el proceso de crear vidas más eficientes, felices ytecnológicas, puede que tengamos que volar por los aires cómo medimos la riqueza y el crecimiento económico para redefinirlo.

La educación y su accesopuede que también necesiten evolucionarparaasegurarnos de que los beneficios de la innovación tecnológica no se limiten a la élite.Ofrecer una educación gratuita de las mejores universidades representa un paso en la dirección adecuada para replantear la formaciónen un mundo conectado.

Mientras sigamos aferrándonos a las viejasformas de pensar, actuar, medir e informar, seguiremos observando un crecimiento y unos tipos de interés negativos además de las correspondientes respuestas nacionalistas por parte de líderes de todo el mundo.

Peroesa realidad no tiene por qué ser nuestra realidad. Es el momento de pedir algo distinto a nuestros líderes, de pedirnuevos sistemas de medición e información que reflejen la realidad actual de un mundo interconectado y digital.Ha llegado la hora de modificar nuestras medidastradicionales–elPIB, las NIFy otras– para incluir nuestra economía dentro del ámbito de serviciosque aún no se miden correctamente, como lainformación, la tecnología y las redes. Si no lo hacemos, estaremos condenados a utilizar las medidas equivocadas para nuestro valiosocapital humano y financiero, a elegirlos líderes equivocados conlas decisiones equivocadas. No nos podemos permitir esta realidad. Nadie puede.


por
trad. Teresa Woods

Megan Beck es consultora digital en OpenMatters, inversora ángel e investigadora del Centro SEI de la Universidad de Wharton (EEUU). También es la coautora del libro: ‘The Network Imperative: How to Survive and Grow in the Age of Digital Business Models’.

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