El impacto de la clase social en el sueño americano

En la mayoría de países occidentales, una educación superior y un buen puesto de trabajo no garantizan la movilidad social para las personas de clase obrera
Los retos de los nuevos algoritmos: evitar los sesgos y cumplir el RGPD
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Por lo general, se piensa que si una persona que nace en una familia de clase obrerao de pocos recursos recibeuna educación universitaria u obtieneun trabajo profesional -no manual-, significa que “ha triunfado”, que se unirá sin problemas a la clase media y alta.La realidad, sin embargo, es muy diferente. Como explicó al New York Timesen 2005 Della Mae Justice, una abogada de éxito criada en un ambiente de pobreza, “siempre tengo un nudo en el estómago cuando me preparo para ir una fiesta, siempre me pregunto si llevo la ropa correcta o si sabré qué hacer”. Y sigue:”Siempre pienso: ¿Cómo lo saben todos los demás? ¿Cómo saben cómo comportarse? ¿Por qué parecen sentirse tan cómodos?”.

A pesar de suéxito como abogada, Justice aún se siente fuera de lugar, con sus colegas de trabajo, en según qué ámbitos. Su experiencia como profesional que asciende socialmente es bastante común. De hecho, un creciente corpus de investigaciones demuestra que la clase social de origen –definida por el nivel educativo, los ingresos y la ocupación de sus padres– sigue condicionando su experiencia después de pasar por la universidad e incorporarse a la vida laboral. A medida que alguien se abre camino en este tipo de ambientes e instituciones, su procedencia puede influir en la naturaleza de sus experiencias e incluso en su capacidad de aprovechar todo su potencial. La razón es que la clase social tiene mucho más que ver que solo con los recursos económicos que puede facilitar una educación superior y una profesión de prestigio; tener o carecer de determinados medios y recursos configura, con el paso del tiempo, la comprensión de quién es cada uno y cómo debería interactuar con el resto.

Nuestras investigaciones actualesdemuestran que las personas con orígenes de clase obrera tienden a verse a sí mismas como interdependientes y altamente conectadas conlos demás. Los padres enseñan a sus hijos la importancia de seguir las reglas y ajustarse a las necesidades de los demás, en parte porque no existe ninguna red de seguridad económica. “No se puede tener todo lo que se quiere” y “no todo gira en torno a ti” son algunos de los refranes más comunes. Solidaridad, humildad y lealtad son algunos de los valores que predominan.

Por el contrario, las personas criadas en ambientes de clase media y alta acostumbran a verse como independientes y diferentes del resto.Los padres enseñan a sus hijos la importancia de mimar y satisfacer sus preferencias, necesidades e intereses personales. Los refranes comunes incluyen “El mundo es tu tuyo” y “tu voz importa”. La singularidad, la reafirmación personal o autoexpresión y la capacidad de influir son algunas de las características más deseadas.

Aunque muchas organizaciones como los centros de enseñanza y las empresas pueden beneficiarse de una buena dosis de interdependencia y colaboración, la realidad es que se prioriza la independencia como el ideal cultural a conseguir.La Universidad de Cornell (EE.UU.) anima a los alumnos a construir su propio camino y escoger de entre toda una serie de asignaturas a fin de diseñar sus propias“licenciaturas independientes”.Del mismo modo, la página web de admisiones de la Universidad de Dartmouth (EE.UU.) destacala importancia de la autoexpresión individual: “Lo que nos impresionará eres TÚ. Deja que tu solicitud narre tu propia historia”. Las empresas también suelen contratar y recompensar a los trabajadores que asumen responsabilidades,expresan sus ideas con seguridady se promocionan. Por ejemplo, en su página web, la consultora Deloitte afirma: “Queremos que nuestra gente se desarrolle como ella quiera, que aproveche sus fortalezas a la vez que refina sus capacidades de liderazgo”. En el momento de realizar nuestra investigación en 2015, la página web del banco de inversiones Morgan Stanley enfatizaba: “este es un gran entorno para personas con espíritu emprendedor, alguien a quien le encante disfrutar de una gran autonomía […] La empresa apoyará eso y premiará esa cualidad”.

El choque entre la apuesta cultural de las organizaciones por la independenciadentro de las organizaciones y los códigos de interdependencia habituales entre la clase trabajadora puede reducir las oportunidades de esta de triunfar.En la educación superior, por ejemplo, los alumnos de clase obrera (alumnos cuyos padres no tienen estudios superiores) aseguran querer ayudar a sus familias y devolver parte de lo ganado a su comunidad. Sin embargo, sus intenciones chocan con unentorno formativo que les insta a encontrar su propio camino y apostar por sus pasiones personales. Este desajuste cultural está asociado, entre otras cosas, con calificaciones más bajas. En una serie de experimentos, encontramos que simplemente recordar a los alumnos la cultura independiente de las universidades (la idea de crear su propio camino, por ejemplo) puede aumentar su nivel de estrés, reducir su sentimiento de pertenencia y minar su rendimiento académico.

Estas consecuencias negativas del desajuste cultural no desaparecen a medida que los alumnos avanzan en la universidad, sino que se mantienen hasta la graduación e incluso después de ella. Una vez en el mercado laboral, los trabajadores criados en ambientes de clase obreraaseguran toparse con unafalta de encaje y capital social en comparación con sus compañeros. Al reflexionar sobre su experiencia profesional, una alumna de una prestigiosa escuela de negocios me dijo: “Me chocó verme en un trabajo y sentir que, en gran medida, me encontraba en un entorno muy elitista en el que yo simplemente no encajaba […] era mucho más consciente de cómo hablaba, cómo me presentaba, la ropa que llevaba, qué tipo de experiencias familiares compartía, en fin, detodas esas cosas”.

Las organizaciones, por tanto, puedencontribuir de forma inadvertida a este desajuste, lo que empeora el rendimiento de los alumnos y trabajadores de clase obrera.Como resultado, las universidades y las empresas no solo desaprovechan el potencial de esas personas, sino que además refuerzan y mantienenla desigualdad de clase en el proceso.

Corregir la brecha entre clases

La buena noticia es que esta brecha entre clases sociales no es estática. Si las universidades incluyen mensajes sobre la importancia de la interdependencia, apoyan a los alumnos de clase obrera. Durante los experimentos descritos arriba, también enseñamos a unos alumnos mensajes de bienvenida que se enfocaban por un lado en la independencia y por otro en la interdependencia (en por ejemplo el retorno de un modo u otro de tu progreso personal al conjunto de tu comunidad). En el caso de la interdependencia, losalumnos de primera generación se sentían igual de cómodos y rindieron igual de bien en lo académico que sus compañeros criados en entornos de clase media y alta.Además, junto a la alumna de doctorado Andrea Dittmann,nuestro análisis de losdatos del archivo de equipos deportivos universitarios demostró que las personas de clase trabajadora suelen encajar mejor en el equipo y aprovechar más su potencial, cuando juegan en equipos que están a favor de la interdependencia.

A partir de las claves de esta investigación, los profesores y mánagers pueden plantear variasestrategias para ayudar a sus alumnos y trabajadores de clase obrera a explotar todo su potencial.Una consiste simplemente en reconocer que la clase social importa. Aunque algunas universidades ya lo tienen en cuenta, las empresas a menudo lo ignoran por completo a pesar de prestar mucha atención a cuestiones de género y raza. Como primer paso para maximizar el potencial de los alumnos y empleados de clase trabajadora, las instituciones y organizaciones necesitan reconocer la clase social como una forma de diversidad. De la misma forma que las organizaciones promueven grupos de afinidad y programas de mentoría para mujeres y minorías raciales, también deberían ofrecer programas en sintonía con las clases sociales.

Otra fórmula es facilitarles a las personas oportunidades para desarrollar tanto sus aspectos en favor de la independencia como de la interdependencia. Las universidades y los lugares de trabajo puedenofrecer sesiones formativas en las que los alumnos y los trabajadores aprendan y practiquen las actitudes independientes deseables, como la asertividad, la confianza en uno mismo y la capacidad de influir. La formación también puede ayudar a los asesores académicos y mentores profesionales aentender mejor las necesidades de los alumnos y empleados con orígenes de clase obrera, para proporcionarles los conocimientos necesarios para familiarizarse con las “reglas del juego”, muchas de las cuales se basan en la noción de independencia.

Una última estrategia para las instituciones consiste en buscar a los alumnos y trabajadores, allí donde estén, para aprovechar sus habilidades interdependientes. Aunque la mayoría de nosotros pensamos que el trabajo en equipo y la capacidad de adaptarse a los demás puedenbeneficiar a las empresas, también creemos que estas habilidades no se valoran tanto como deberían. Aunque muchas organizaciones hablan de valorar y potenciar la colaboración, la realidad es quepodrían beneficiarse mucho más si incorporaran el valor de la interdependencia en sus políticas y prácticas diarias, como en los criterios de evaluación para contratar, ascender e incentivar el desempeño. Los responsables de las contrataciones, por ejemplo, podrían recibir formación para identificar y fichar a las personas con capacidad de trabajar en equipo y adaptarse a los demás.En cuanto al rendimiento, las organizaciones también pueden ofrecer oportunidades adicionales de trabajar en equipo y recompensar, con incentivos, a los equipos en función de su rendimiento como grupo en lugar de a nivel individual.

El relatodel sueño americanoes el de alguien que triunfa a partir del trabajo duro y la perseverancia sin importar lo humilde que sea su origen.A pesar de su gran atractivo, la verdad es que el sueño americano resulta inalcanzable para muchos estadounidenses. En muchos países occidentales, incluso cuando una persona trabaja duro yobtiene una educación superior o un puesto en una organización prestigiosa, se encuentra endesventaja debido a las normas sociales e institucionales dominantes. Es cierto que nuestras sugerencias no son ninguna panacea, pero al menos suponen un importante primer paso para garantizar que los “migrantes de clase social” tengan igualdad de oportunidades para triunfar. Los beneficios en potencia son enormes, no solo para alumnos y trabajadores, sinopara instituciones educativas y profesionales también.


por
trad. Teresa Woods

Sarah Townsend es profesora adjunta de la Escuela de Negocios Marchall de la Universidad del Sur de California (EEUU). Utilizando métodos psicofisiológicos y conductuales, sus investigaciones examinan cómo las diversas procedencias de la gente dan forma a sus experiencias interpersonales e institucionales.

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