Desbloquea el valor oculto de tus datos

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Michael H/Getty Imágenes

Hace veinte años, Kevin Rivette y David Kline escribieron un libro sobre el valor oculto contenido en las patentes infrautilizadas de las empresas. Estas patentes, argumentaron Rivette y Kline, representaron «Rembrandts en el ático» (el título de su libro). Las patentes, sugirieron los autores, no deberían considerarse meramente como propiedades pasivas, sino como activos estratégicos: una «nueva moneda» que podrían desplegarse en la búsqueda de la competencia, la reputación de la marca y los avances en la investigación y el desarrollo.

Todavía estamos viviendo en la economía del conocimiento, y las organizaciones todavía están tratando de averiguar cómo desbloquear activos infrautilizados. Pero la moneda ha cambiado: los Rembrandts de hoy en el ático son datos.

Es ampliamente aceptado ahora que la gran cantidad de datos que generan las empresas representa un enorme repositorio de valor potencial. Este valor es monetario, y también social; contiene un potencial tremendo para impactar en el bien público. Pero, ¿saben las organizaciones —y nosotros como sociedad— cómo desbloquear este valor? ¿Sabemos cómo encontrar los conocimientos ocultos en nuestros áticos digitales y utilizarlos para mejorar la sociedad y la vida de las personas?

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A continuación, describo cuatro pasos que podrían ayudar a las organizaciones a maximizar sus activos de datos para el bien público. Si hay un tema general, se trata del valor de volver a utilizar datos. Los últimos años han visto una creciente movimiento de datos abiertos, en el que los conjuntos de datos gubernamentales previamente siloizados se han puesto a disposición de grupos externos. A pesar de la inquietud ocasional por parte de los titulares de los datos, investigación ha demostrado sistemáticamente que esas iniciativas pueden aumentar el valor tanto para los titulares de datos como para la sociedad. Lo mismo ocurre con los activos de datos del sector privado. La mejor y más transparente reutilización de los datos es, sin duda, la medida más importante que podemos tomar para liberar este doble potencial.

Para ayudar a maximizar los datos para el bien público, necesitamos:

Desarrollar metodologías para medir el valor de los datos. Para aprovechar el potencial de los datos, las partes interesadas deben llegar a una mejor comprensión de lo que entendemos por valor. A pesar del consenso generalizado de que los datos son valiosos, no existe un método igualmente aceptado para calcular ese valor. Una consideración importante es decidir qué variables o índices utilizar. Si bien los datos pueden tener valor monetario, también pueden tener lo que un reciente informe del Instituto Bennett de Políticas Públicas se refiere como valor de «bienestar social», lo que significa que compartir datos podría contribuir al «bienestar de toda la sociedad».

Estas dos formas de valor, social y monetario, pueden existir a veces en un delicado equilibrio. Por ejemplo, al reutilizar los datos, una organización puede renunciar a cierta cantidad de ventaja financiera (o incurrir en un costo de oportunidad) incluso al tiempo que contribuye al bienestar social más amplio. Para orientar esas decisiones difíciles, los encargados de formular políticas y la sociedad en general deben determinar métricas más amplias de valoración y considerar cómo interactúan las distintas métricas y, a veces, chocan. Necesitamos, por ejemplo, orientación sobre cuándo los organismos de salud pública o estadística deberían tener acceso preferencial o libre a los datos del sector privado, como los datos de movilidad, y cuándo sería legítimo que las empresas exigieran precios de mercado para acceder a estos datos. Además del valor social y monetario, otras métricas a considerar incluyen los posibles daños que pueden derivarse de la liberación o el intercambio de datos, y los costos de oportunidad de no la reutilización de datos, por ejemplo, si se pueden salvar vidas compartiendo ciertos datos durante un desastre. Todas estas métricas coexisten en un delicado equilibrio. Consideradas conjuntamente, pueden ayudar a las organizaciones a determinar el verdadero valor de los datos.

Desarrollar estructuras para incentivar la colaboración. A diferencia de los activos físicos, los bienes de datos no son rivales e intangibles, lo que significa que pueden compartirse sin privar a sus titulares originales de beneficios. Por lo tanto, el proceso de maximizar los activos de datos infrautilizados a menudo implicará que diferentes partes interesadas trabajen conjuntamente para crear nuevas perspectivas y oportunidades. Por ejemplo, los datos sobre hábitos de viaje de los consumidores propiedad de una plataforma de redes sociales pueden ser reutilizados por una organización de la sociedad civil para rastrear la propagación de enfermedades y pandemias. Tal colaboración representa lo que Mariana Mazzucato, en un contexto algo diferente, llama «co-creación» de valor.

Pero para fomentar esa cocreación, necesitamos instituciones y estructuras que nos permitan ir más allá de los modelos actuales de propiedad de datos, que enfatizan el acaparamiento y la extracción de valor. En otra parte he argumentado para un mayor uso de « colaboradores de datos», que puede facilitar el acceso funcional a los datos para su reutilización (discuto ese término más abajo). Además, el intercambio también requerirá nuevas formas de gestión de datos y condiciones de reutilización, especialmente el uso de nuevas acuerdos de intercambio y disposiciones relativas a la concesión de licencias. De manera más general, los defensores de un mayor acceso a los datos podrían beneficiarse si tomara prestada una página del movimiento de software de código abierto, que ha desarrollado un modelo empresarial sólido, basado en instrumentos normativos e jurídicos innovadores, para fomentar un espíritu de colaboración y aprendizaje entre pares.

Fomentar los colaboradores de datos. Los colaboradores de datos son una forma emergente de asociación público-privada que permite compartir y cocrear valor. Pueden implicar, por ejemplo, colaboraciones informales y con plazos determinados entre una empresa y un grupo de investigación académico o una organización de la sociedad civil, y permitir que los datos se vuelvan a utilizar, normalmente de forma anónima y con una intención específica.

En la actualidad existen varios ejemplos de colaboradores de datos en todo el mundo, y estamos empezando a comprender su potencial, y también algunos de sus riesgos. Pueden tomar muchas formas: Interfaces públicas en las que las empresas proporcionan acceso abierto a determinados activos de datos, lo que permite el uso independiente de los datos por parte de terceros; intermediarios de confianza en los que terceros actores apoyan la colaboración entre proveedores de datos del sector privado y usuarios de datos del sector público, la sociedad civil o el mundo académico; o «agrupación de datos», donde las empresas y otros titulares de datos acuerdan crear una presentación unificada de conjuntos de datos como una colección accesible para múltiples partes. Si bien cada uno de estos modelos ha demostrado ser prometedor, también hay que tomar nota de precaución. El intercambio de datos no debe convertirse en un vehículo de violaciones de la privacidad u otros riesgos para los derechos individuales. El fomento de la confianza es esencial para fomentar los beneficios de compartir; por lo tanto, es fundamental que en la estructura y la gobernanza de los colaboradores de datos se incorpore fuertes protecciones de la privacidad (por ejemplo, en forma de datos anónimos y agregados).

Identificar y nutrir a los administradores de datos. La aparición de colaboradores de datos también ha puesto de manifiesto la necesidad de nuevas funciones humanas (e institucionales) dentro de las organizaciones. Administradores de datos son individuos o equipos encargados de iniciar, facilitar y coordinar de forma proactiva el intercambio entre organizaciones y sectores, con el objetivo de maximizar el valor monetario privado y público de los activos de datos. En este sentido, los administradores de datos pueden ser vistos como los curadores de los Rembrandts de una empresa.

Entre otras responsabilidades, los administradores de datos pueden identificar datos infrautilizados que pueden tener un valor potencial; localizar y fomentar asociaciones para ayudar a desbloquear ese valor; y asegurar un marco responsable que equilibre los beneficios de compartir con los posibles riesgos. Estas funciones se están adoptando con creciente frecuencia dentro de las empresas, y puede que no pase mucho tiempo antes de que los administradores de datos sean tan comunes como los CFOs o los CIOs.

***

La cantidad de datos generados y almacenados por organizaciones de todo el mundo crece en más de 2,5 quintillion bytes cada día. Bajo el orden actual de las cosas, gran parte de estos datos acabarán olvidados y desatendidos, desapareciendo en una zona desconocida de información donde los datos existen pero no se utilizan. Sin embargo, estos datos olvidados, como hemos visto, tienen un valor tremendo. Sabemos que compartir es un paso vital para desbloquear ese valor; también está claro que necesitamos mucha más investigación para entender mejor cómo y cuándo compartir funciona mejor. Por encima de todo, necesitamos una mentalidad más creativa e innovadora, una que pueda ayudar a las organizaciones a desempolvar las telarañas de sus Rembrandts ocultos, y reutilizar los activos que ya poseen para maximizar sus propios beneficios y beneficiar a la sociedad en general.


Stefaan G. Verhulst
Via HBR.org

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