Airbnb se enfrenta al problema de morir de éxito

Váyase de vacaciones, pero diga algo más que "estaré fuera de la oficina"
Váyase de vacaciones, pero diga algo más que “estaré fuera de la oficina”

De forma sorprendente, la nueva campaña publicitaria de Airbnbnos exhorta a no ser turistas: “No visites París, no des una vuelta turística por Parísy por favor, no vayas a conocer París”. Entonces, el remate: “Vive en París…aunque sólo sea durante una noche”. El ejecutivo de AirbnbJonathan Mildenhall le contó a Adweekque la campaña refleja una creciente “demanda de experiencias que no se parezcan a las típicasde turista, que realmente reflejen más cómo es vivir en sitios locales”.

Pero, ¿cuántos viajeros podrán “vivir allí” antes de que Airbnbacepte que se ha convertido en un vehículo para el turismo masivoy que sus usuarios son turistas, ni más ni menos? Como otras partes de la industria del turismo, Airbnbse ha convertido en un arma de doble filo. Los visitantes consiguen experiencias nuevas y generan ingresos, pero al aumentarse su número, erosionan la propia atmósfera que buscan y amenazan la habitabilidad de las ciudades para sus residentes.

Hace dos años, había 20.000 viviendas registradas con Airbnben París (Francia). Un año más tarde, esa cifra subióa 40.000 y un inspector de viviendas contó aWall Street Journal, “El centro de nuestra ciudad se está vaciando. Más y más.Sólo son turistas”. Desde entonces, se han sumadootros 20.000 registros. Por eso no sorprendeque la empresa con el eslogan”Belong Anywhere” (Pertenece a cualquier parte del mundo) experimenteuna gélida acogida por parte de los gobiernos locales de todo el mundo que luchan por lidiar con este tipo de explosión de alojamientos para turistas.

Airbnbsigue presentando su negocio como uno de bajo impacto, compuesto de anfitriones que ocasionalmente alquilan sus propias casas. Un informe reciente de Airbnbsobre su negocio en Lisboa (Portugal) indica que “muchos registros de Airbnben Lisboa representan el hogar de residentes locales”, asegurando a los lectores que “el 72% de los anfitriones de AirBnB en Lisboa sólo tienen una vivienda registrada”. Pero esto es ser parcocon la verdad: mi conjunto de datos recopilado de manera independientemuestra que el 28% de los anfitriones con más de una propiedad registrada (los que pueden considerarsecomo anfitriones “comerciales”) representan el 66% del negocio de la empresa en Lisboa. Y mientras que Airbnbafirma que “el 70% de los huéspedes de Airbnben Lisboa se alojan fuera de las típicas zonas turísticas”, mis datos muestran que la mayoría de las visitas se producen dentro de los dos distritos centrales de Misericórdia y Santa María Maior, una zona de alrededor de tan sólo seis kilómetros cuadrados.Siel número de viviendas registradas enesta pequeña ciudad de medio millón de habitantes ha pasado desde las5.500 demayo de 2015 hasta las más de 10.000 actuales, un impactoimportantees inevitable. El profesor de geografía de la Nueva Universidad de Lisboa João Seixas y sus compañeros están “muy preocupados por lo que está sucediéndole al centro histórico de nuestra bella ciudad”, explica. “Nuestros cálculos indican que durante los últimos tres años, alrededor de la cuarta parte o hasta una tercera parte del parque inmobiliario ha cambiado de función, desplazándose sobre todo hacia inversiones financieras y alquileres de corta duración”, apunta el profesor.

¿Cuál será el resultado final para las ciudades donde Airbnbse siga expandiendo? Algunas ciudades aseguran queno quieren convertirse en la “próxima Venecia” (Italia) yconvertirse en un parque de atracciones para turistas queespantea los autóctonos. Kristen V. Brown de la web sobre tecnologíaFusionvisitó Reykjavik(Islandia). Sí, como turista. Es una ciudad pequeña, con una población de tan sólo unas 120.000 personas y un aluvión de turistas. Basándome en datos que yo proporcioné, Brown escribió, “La única página web de alquiler de pisos, leigulistinn.is, mostró tan sólo nueve pisos en alquiler en el centro de Reykjavik. Había 22 en toda la ciudad … En Reykjavik hay aproximadamente 50.000 pisos; 2.551 de ellos, o el 5%, son unidades de Airbnb”.

Comunidades todavía más pequeñas están experimentando problemas de escala relacionados con Airbnb. Joshua Tree es un diminuto pueblo de 7.000 habitantes al borde del Parque Nacional Joshua Tree en California (EEUU). Tiene más de 20.000 pisos de alquiler disponibles en Airbnb. La residente Christine Pfranger observa que “los locales tienen dificultades para encontrar un piso para alquilar, y están siendo echados de sus casas para generar más alquileres vacacionales”. Otro residente añade, “Los alquileres de Airbnby vacacionales están cambiando nuestra comunidad… los precios de las viviendas están subiendo porque la gente ahora compra casas para alquilarlas a turistas, lo que casi impideque la gente que trabaja en la zona pueda alquilar una vivienda”.

Airbnbasegura que está dispuesta aasociarse con las ciudades, sin embargoha mostrado poco interés en estos problemas: la empresa se opone con fuerza a cualquier medida que limite el volumen de su negocio.

La relación de Airbnbcon su ciudad natal San Francisco (EEUU) empeoró recientemente. En febrero de 2015 una nueva ordenanza municipal requirió que los anfitriones de AirBnB se registrenen el ayuntamiento, pero más de un año después sólo alrededor del 20% lo ha hecho. Ahora, la ciudad considera legalmente responsable a Airbnbde sus anfitriones sin inscribir y le impondrá una multa de 1.000 dólares (unos 900 euros) al día por cada registro sin inscribir que descubra. Es una medida más seria que las anteriores y que se suma a otrasacciones similares emprendidas por el estado de Nueva York y la ciudad de Chicago (ambos en EEUU).

La respuesta de Airbnbha sido llevar la ciudad de San Francisco ante un tribunal federalcon el argumento de quela ciudad viola tres leyes distintas. La sección 230 de la Ley de Decencia en Telecomunicaciones (CDA, por sus siglas en inglés) de 1996 estipula que los propietarios de las páginas web no son legalmente responsables de (dado que no son los editores de)el contenido subidopor los usuarios en sus páginas. Es una ley que protege a los blogueros, periódicos y redes sociales como Craigslist, Yelp y YouTube. La Ley de Comunicaciones Almacenadas (SCA, por sus siglas en inglés) de 1986 dice que los gobiernos han de obtener una orden judicial específica antes de tener derecho a acceder a informaciones relativas a los usuarios de un servicio web. Y por último, Airbnbse acoge a las protecciones de la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos al argumentarque la nueva regla suponeuna “restricción basada en los contenidos”.

Airbnbpresenta su negocio como una cuestión del habla. Por mucho que promociona la idea de “vivir como un autóctono” en las ciudades donde gana su dinero, la empresa dice que en última instancia no tiene responsabilidad legal sobrelo que pase en ellas, al igual que sucede con los comentarios publicados en las páginas web.

En caso de salir victorioso Airbnb, y algunos expertos creen que tiene buenas posibilidades de lograrlo, la CDA liberaría a la empresa de la responsabilidad legal del impacto de su negocio, y la SCA impediría a las ciudades considerar responsables a los anfitrionesy por tanto a Airbnb. Los gobiernos municipales deEstados Unidos no podrían limitar el número de pisos registrados en Airbnbni la intensidad del negocio de turismo que atraigan. Es una mezcla en potencia de malos incentivos.

Pero no todo iría rodado aAirbnb. La mayor parte de su negocio se encuentra en Europa, donde Berlín (Alemania), Barcelona (España) y, en menor grado, París están actuando con firmeza para controlar la explosión de los alquileresvacacionales. Mientras tanto, los alcaldes de 10 importantes mercados por todo el planeta están lanzando un grupo especial para elaborar una respuesta común a los problemas que provoca Airbnb. Estas respuestas sonoportunas. Sin ellas, las experiencias del turista podrían empezar a ser a costa de los que más importan:los residentes.


por
trad. Teresa Woods

Tom Slee tiene un doctorado en química teórica y una longeva carrera dentro de la industria de software. Es un crítico citado a menudo de la economía colaborativa y el autor de ‘What’s Yours is Mine: Against the Sharing Economy’ (OR Books, 2015).

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